La cabeza baja al corazón.
Hoy hizo sol. #domingueandoenpelotas

Hoy hizo sol. #domingueandoenpelotas

El invierno y 4 solteras en la playa

En primer plano unos pies llenos de arena, sonido de mar a la distancia, el agua brilla detrás del pie. Una de las chicas lees en alto poemas de Teillier. Las envuelve una nube de melancolía por amores que no han sido. Cada una con la mirada fija en un punto del paisaje abierto, el mar, el pie, el cielo. Hoy todo está más pálido que de costumbre.

Una de ellas piensa en el beso del viernes. Primer beso en ese país seco que dejará en unos días. Beso prohibido con un hombre que se va a casar con una mujer a la que no quiere. Fue un beso de borrachera al que se aferraron esperanzas cultivadas en otra época. Ese amor nunca va a ser. Ella lo sabe, pero lo ignora, decide dejarse llevar por la persistencia de las olas…

 Así era la felicidad:

breve como el sueño del aromo derribado,

o el baile de la solterona loca frente al espejo roto.

Otra piensa en que ella solo quiere querer, no necesita nada a cambio, solo un cuerpo dispuesto a recibir. Su requisito es tener un par de ojos que le indiquen que están felices porque ella existe. Piensa en el beso prohibido que desvela a su amiga, sabe que pudo haber sido su historia. Se arrepiente. Hoy ni siquiera puede sufrir con un recuerdo vivo.

 Pero no importa que los días felices sean breves

como el viaje de la estrella desprendida del cielo,

pues siempre podremos reunir sus recuerdos,

así como el niño castigado en el patio

encuentra guijarros para formar brillantes ejércitos.

La que lee con cada palabra dicha siente una tormenta. Quiere momentos simbólicos, no ser ella la que lee, sino un él, una mañana de lluvia. Quiere salirse de si misma y recorrer el mundo entero al mismo tiempo. Le dedica la poesía a un hombre complicado, insípido, mayor. El le calma sus ganas de explotar.

 Pues siempre podremos estar en un día que no ayer ni mañana,

mirando el cielo nacido tras la lluvia

y escuchando a lo lejos

un leve deslizarse de remos en el agua.

La del pie lleno de arena, se enfoca en el agua. Todas las noches le apuesta al destino. Expectativas adictivas que nunca se cumplen. Tiene el sueño neurótico de encontrar el amor de golpe, por vía rápida. Para ella salir es como jugar a la lotería, si ya apostó tantas veces ¿porque no hacerlo una vez más? Pierde cada noche. La paz que necesita  no se encuentra bailando reggueton.

Silencio.

Ausencia de sonido lleno de viento. De agua estallando tercamente, suavemente contra las rocas. Como romance imposible. O equilibrio perfecto. Las cuatro ven un punto fijo del paisaje, seducidas por la posibilidad de que no esté tan abierto, de sentir un poco menos de viento.

Llueve.

Llueve.

La esperanza.

La esperanza.

Ciudadana ilusa

Yo no quiero creer que todos los políticos son corruptos. No quiero creer que en las altas esferas del poder es imposible tener ética.  

Pero ¿por qué carajos siempre pasa lo mismo?  Volvimos a llegar al lugar nebuloso en el que no se le puede creer a nadie. Al Ministro de Hacienda se le olvida pagar impuestos y da la casualidad que al encargado de Tributación Directa también se le olvidó.

En medio de este circo absurdo, sus jefes son incapaces de criticar con claridad lo que es evidentemente criticable. Eso pasa cuando uno está embarrado o cuando mide demasiado sus pasos. Cruzo los dedos para que sea la segunda. 

El doble discurso me ofende. Nos ofende. No somos idiotas. No se puede etiquetar de error humano el que el encargado de Tributación Directa, de perseguir a aquellos que  no pagan, se le olvide pagar. NO. NO. NO.

La prensa saca la artillería pesada justo en el momento en el que el Plan Fiscal está a punto de ser aprobado. Huele a táctica de guerra. La presidenta insinúa que detrás de estas publicaciones hay fuerzas económicas que están velando por sus intereses. Si, los principales medios de comunicación en este país le pertenece a  grupos económicos poderosos. A una empresa grande no le convienen más impuestos. Con dos dedos de frente uno puede hacer sus propias deducciones. Eso no le quita la gravedad al hecho de que los seres humanos que están detrás de la propuesta de solución sean parte del problema.  

Yo quiero creer en las instituciones. Yo estoy de acuerdo con que Costa Rica necesita modernización en el campo tributario. Consideré valientes a aquellos que defendieron algo que era tan poco rentable a nivel político. Si soy una ilusa ¿y qué?

La política exige a gente TAN, pero TAN idealista que se atreve a hacer que sus acciones sean reflejo de su ideario. Aunque eso no deje plata, aunque eso no salga en la prensa, aunque eso los debilite en ese nido de culebras.

Un dilema ético de este tipo necesita ser atendido de inmediato. Les está agarrando tarde para dar una respuesta más contundente.  Tal vez están esperando para que sea domingo santo, es una linda estrategia de comunicación: tratar de resucitar la credibilidad del gobierno en un día tan emblemático. Después de todo, los ticos somos un pueblo de Fe.  

Más sobre el tema: 

http://www.elfinancierocr.com/blog/porlalibre/

http://www.fusildechispas.com/


Limonada


En medio de la Calle de la Amargura sucedió un evento sin importancia. Hacía un calor rotundo, culpa de un sol que cierra los ojos y rebota con los carros y el asfalto y convierte la calle en un infierno. Fue en medio de ese sudor de ciudad, que es un sudor malhumorado, no como el sudor de playa, que es un sudor liberador. El calor de la ciudad hace que suden los pies, eso siempre genera malestar. A la persona que le guste la sensación de medias sudadas, no se le debe creer nada. Se odia a si misma.

Ese día, en que miles de obreros en botas, secretarias con medias de nylon y demás civiles con calzado sin ventilación adecuada sufríamos por las altas temperaturas; este día, o sea hoy, sucedió un evento sublime.

Me tomé una limonada congelada. Ay.

(Corto la oración con un punto arbitrario, que ya verán es todo menos arbitrario,  porque es correcto hacer un silencio reflexivo)

Ella tan linda. Con su hielito que acaricia la garganta. Un hielito ácido. Un frío que rima con sol, piscina y sombrillitas de colores. No rima con olor a orines evaporados, ni a cloaca, ni a basura, ni a universidad. Solo la Calle de la Amargura rima con tales atrocidades.

Para no caer en pensamientos oscuros por culpa de desastres inexplicables, como el que la calle aledaña al centro de pensamiento más importante del país parezca una vomitada de borracho, invoquen su lugar feliz. Limonada. Limonada. Limonada congelada que mata…mata a la ciudad desordenada y a las medias sudadas. Limonada. Limonada congelada. 

Implosión Hormonal


Llegó él. El Ken. El alto de espalda gruesa que sabe lo que tiene,  al que todas racionalmente rechazan  pero secretamente desean. 

Tuve una implosión hormonal. Estaba en un paseo de la universidad, de esos de fin de año que el día siguiente nadie quiere recordar.  La frase que definía las expectativas era “todos contra todos”. 

Para una época de sequía tan intensa la posibilidad de tener un encontronazo sonaba bien, le daba bastante color a la semana. Había un personaje en particular que le ponía picante a esas expectativas. Un cierto él. 

11:00 a.m.  Llegamos al campamento en la costa. Habían unas 40 personas alrededor de una fogata sin fuego. Todos en grupos pequeños hablando bajito con música tímida saliendo de un carro. No era el camping al lado de la playa que me habían vendido y por el que empaqué un vestido de baño. Había polvo, palmeras medio muertas y un cielo gris. Y ¿El sol? ¿El mar? ¿La buena vibra? 

2:00 p.m.  Se abre la primera cerveza. Llegó él. El Ken. El alto de espalda gruesa que sabe lo que tiene,  al que todas racionalmente rechazan  pero secretamente desean. 

4:00 p.m.  Estábamos en la hora de los juegos grupales. Mientras las personas con carácter más dulce y alegre estaban con la cara roja y desfigurada gritando las instrucciones por un megáfono, los  borrachos precoces hacían trampa para ganarse el litro de ron. Agarré un litro de cerveza y me escapé en busca de la playa con una amiga. 

4:30 p.m. Después de bajar una cuesta empinada, en la que se necesita doble tracción para subir,  nos tiramos en la arena cuatro mujeres solteras a conversar. El tema fue él. Que es un puto, que tiene problemas de alcohol, que se me hace que le cuesta mantenerse de “pie”… 

6:00 p.m. Mientras jugábamos futbol con nuestros tragos al borde de la cancha, el reggeaton irrumpió el ambiente de polvo y palmeras insípidas. La gente empezó a gritar y bailar como adolecentes en su primera borrachera, yo los ignoré. Él brincaba por todos lados,  yendo de mujer en mujer agarrando sus caderas por un milisegundo, marcando terreno. 

7:00 p.m Cambié la bola por el baile. A jugar. Toca mi cadera, se va sin verme a la cara. Pasan y pasan las canciones  y yo también bailo como adolecente desenfrenada. Ron, birra, ron -“¿Cómo que se acabó el ron?!”-  “Pssst…vaya al basurero y traiga la botella”-  Matanga. 

8 y algo. Yo con mi vaso lleno, él empezó a bailar a mi lado, se quedó por más de una canción, giro de 90 grados y quedamos bailando cara a cara. Me agarró la mano, me di la vuelta. Me quitó el vaso y empezó a tomar. “Nooooooo….”  (Ese líquido negro era más valorado que el petróleo). Se lo tragó entero. 

“¿Tenes coca?” Preguntó 

 “Si un poco”

 “Vamos por la coca”  Seductor. Su mano agarró mi mano. Se me alborotó el estómago. 

  “Vamos por la coca” Impaciente.  La botella estaba a 200 mts del círculo de fuego, en una tierra lejana donde nadie vio nada. 

  “No todavía no” 

  “Vamos por coca” - Impositivo. 

   “No” 

  “¿Por qué?”  

  “Porque no…estoy borracha, no sé, no quiero”- Balbuceo idiota de mi parte, cara de desconcertación de su parte. 

  “Vamos por coca”- Enojado. 

 “No”

 “No hay porque hacerse la difícil” 

 “No” 

Soltó mi mano, me dio una bofetada con la mirada, dio media vuelta y se perdió en el grupo de gente ebria que bailaba sin ritmo. 

PUM. Hora cero. Implosión Hormonal. 

2 días antes del paseo

“Amiga - (se protege su identidad por ser víctima reciente en proceso de recuperación)- ¿te importa si me lo apreto?”-

“Sé que va sonar egoísta, pero si, si me importa es muy reciente” 

Voz interna: La odio. Cara de no paso nada - “Ah… bueno…tranquila, igual ni estoy enganchada…si, si entiendo, obvio…tranquila”-  abrazo y sonrisa fraternal.  

Hora cero más 30 minutos. Seguía el rezago amargo de la implosión, empezaban a salir sentimientos mutantes y tóxicos. Él ya estaba apretando con otra persona.  Yo estaba a lo terminator buscando con radar térmico alguna oportunidad.  No había nada.

__:__ . Perdí la noción del tiempo. Muchas horas de baile más tarde me di por vencida y me senté a comer sobros de pollo con papa. - “Hola”-  Se sentó un colado que estaba acampando al lado. .

 “¿y usté ‘onde vive?”

 “Heredia.” 

 “Mae casi quedan campeones mae, al chile estuvieron cerca mae.”

  “Casi, pero no.”- Odio el futbol. No vi ni un solo partido del campeonato.

  “Mae no se estrrese. Sé exactamente como se siente, lo que le está pasando a Heredia ya lo ha vivido La Liga un pichazo de veces, se lo juro que uno se repone, usté solo tiene que…”-  Bla, bla, bla…bostezo. 

En la noche de todos contra todos, que tenía que terminar conmigo abrazada con alguien viendo el mar, terminé comiendo pollo frío escuchando a un idiota dándome esperanzas porque mi equipo de futbol va a salir adelante. Buenas noches. 

‘Thou mayest’! Why, that makes a man great, that gives him stature with the gods, for in his weakness and his filth and his murder of his brother he has still the great choice. He can choose his course and fight it through and win… And I feel I am a man. And I feel that a man is a very important thing - maybe more important than a star. This is not theology. I have no bent towards the gods. But I have a new love for that glittering instrument, the human soul. It is a lovely and unique thing in the universe. It is always attacked and never destroyed - because ‘Thou mayest.’”…
John Steinbeck, East of Eden 

Cambio de estación

Llevo años odiando el desastre que hace con mi autoestima, su obsesión de hacerme sentir que estoy desperdiciando mi vida. Pero salgo de pie.  Después del tsunami hormonal que  arrasa  con mi inocencia, me entra una fuerza brutal. Me dan ganas de ordenar el cuarto, de enfrentar la montaña de papeles acumulados en el escritorio. Se renueva la esperanza de que puedo ser libre, encontrarme a mi misma y quererme mucho.  Es un cambio de estación mensual. Igual de predecible y de lindo que el  cambio de invierno a primavera, con su sabor a vino con durazno y color azul clarito.

Aquí es a la tica.

Opiniones de cosas que pasan por ahí, en algún lugar de CR.

Historias perdidas, contadas con más estómago que otra cosa.

twitter.com/sofiayglesias

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